
Recientemente rescaté de mi lista de contactos de mensajería instantánea (sí, es el que os estáis imaginando, pero no quiero dar publicidad gratis a nadie) un conversador automático muy curioso. Para empezar, te pregunta en qué derivación del español quieres hablar, dándote la opción de mexicano o castellano. Hace tiempo existía una única versión en inglés, pero ya está internacionalizado. Y ahí empieza el lio. Puedes hablar con él siempre que quieras, está siempre conectado y tiene respuestas casi para todo. En principio está diseñado para ser una rápida enciclopedia dispensadora de respuestas cortas.
Puedes preguntarle en qué año nació Isaac Newton, usarle de calculadora automática o pedirle que te localice Namibia. Si está en su amplia base de datos, te contestará. Si no, te remitirá a la enciclopedia online abriéndote una pequeña aplicación a la derecha de la misma conversación. Aunque también mete publicidad de vez en cuando de sus creadores. En cualquier caso, puedes aceptar que lo abra y tendrás la información casi instantánea.

Mucha parrafada, sí, pero ¿cómo me hago con mi propio amigo bot automático? Simplemente agregadle como un contacto más, su dirección es es.encarta@botmetro.net y tened por seguro que no se trata de ningún virus, troyano o calamar gigante disfrazado de arroba.
Seguramente os canséis de él a los diez minutos. Pero os lo cuento porque os conozco, y seguro que si lo oís por otras fuentes me echaréis en cara que no haya sido yo el que os lo haya contado. O no. Tal vez siempre nos quedemos con esa duda. O tal vez no.
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